Ortotipografía para científicos: uso de las cursivas

Ortotipografía para científicos: uso de las cursivas

En la anterior entrada sobre ortotipografía introdujimos su concepto e importancia en la comunicación escrita, incluyendo, por supuesto, la comunicación científica. Hoy entramos en materia y comenzamos con el correcto empleo de las letras itálicas.

Cursiva, itálica, bastardilla o inclinada

Todos estos apelativos se usan para designar la tipografía que remeda la letra corrida manuscrita, a diferencia de la letra «normal» o redonda. Las cursivas se caracterizan por ser más curvilíneas y presentar una inclinación de su eje hacia la derecha, como ocurre con la letra escrita a mano.

De hecho, el nombre de cursiva viene precisamente por su imitación de la escritura corrida (en latín cursus). Igualmente, bastardilla es una denominación tipográfica española, diminutivo de letra bastarda o letra escrita a mano.

El apelativo de itálicas se debe a que fue en Italia donde aparecieron las primeras impresiones realizadas con este estilo, concretamente en la imprenta de Aldo Manucio (1449-1515). En 1501 este importante editor renacentista se inspiró en la letra cancilleresca de uso papal para crear sus tipos inclinados, los cuales usó para imprimir los primeros volúmenes en tamaño de octavos o «de bolsillo».

Retrato de Aldo Manucio y primera página de su edición recopilatoria de los poetas Strozzi de 1515, dedicada a la ‘divina’ Lucrecia Borgia. Esta tipografía es la itálica original de Manucio.

Actualmente hay tipografías cuyas cursivas no son de imitación manual, sino que mantienen los rasgos rectos de origen y solamente cambian el eje de inclinación a la derecha —como la tipografía que usamos en este texto. No debe confundirse las cursivas con las tipografías script, que son fuentes de fantasía que reproducen la escritura caligráfica fielmente, y que no son muy recomendables para usar en entornos serios.

Aunque Manucio ideó las itálicas para composición de textos completos, la realidad es que se trata de un estilo menos legible que la letra redonda, por lo que modernamente se reserva su uso para palabras destacadas o fragmentos cortos de texto.

Nomenclatura binomial: género y especie

El primer uso que indicaremos de las cursivas es exclusivo de las ciencias biológicas. El nombre científico de las especies debe obligatoriamente destacarse en itálicas, el género siempre con mayúscula inicial y la especie en minúsculas, por ejemplo: Canis familiaris, Zea mays, S. aureus.

Aquellos dedicados a biología o ciencias biomédicas están más que familiarizados con la norma, no tanto los científicos de otras ramas o el público profano; sin embargo, es una regla que debe respetarse religiosamente y su falta constituye un auténtico horror ortotipográfico.

Extranjerismos

El segundo uso de las cursivas en redacción científica es destacar los préstamos léxicos de otros idiomas: anglicismos, galicismos, latinismos, etc. Los extranjerismos, en especial de origen inglés, son extraordinariamente frecuentes en textos científicos, por lo que, si redactamos en castellano, se deben colocar en itálicas tales términos: «se detectó el ADN vírico mediante Southern blot», «el fármaco no tuvo efecto in vitro sobre las células tumorales».

Hay que recalcar que muchos anglicismos de la jerga científica son evitables: gold standard, clearence, set point, end point, up regulation, down regulation, borderline, input, buffer, shunt, score, decay, background… Deberíamos optar, en tales casos, por su correcto equivalente en nuestra lengua.

Algunos anglicismos están adoptados pero con grafía castellanizada, como estent —en vez de stent— o espín —en vez de spin—, mientras otros, aun apareciendo en el diccionario de la Academia, se deben seguir escribiendo en cursiva (por ejemplo software o hardware).

Las locuciones latinas usadas en ciencia se deben destacar en cursiva (post mortem, ex vivo, in situ, ad libitum…). Otras han sido castellanizadas y no requieren cambio de estilo, como accésit, currículum, auditórium, índex, magíster. La mejor manera de saber si un extranjerismo de uso común debe colocarse en cursivas es consultar el Diccionario de la Real Academia, pues en la propia entrada se observa en qué estilo está escrita la palabra. Y si no parece, pues en cursiva seguro.

Lo cierto es que con los extranjerismos profusamente empleados en la jerga de una determinada especialidad no suele respetarse esta regla ortotipográfica, dado lo común de su uso en esos campos. Un claro ejemplo es el lenguaje informático.

Ecuaciones y genes

Es norma habitual de estilo en los libros matemáticos que las variables algebraicas representadas mediante letras aparezcan en cursiva: « a (−b) = −(ab),  (−a)(−b) = ab ». Nótese que solamente las letras están en cursiva, no así los paréntesis y los signos matemáticos. En publicaciones de física o fisicoquímica también se tiende a seguir esta recomendación, pero es menor su seguimiento. Por el contrario, las fórmulas químicas y las reacciones donde intervienen no deben aparecer en itálicas.

En biología molecular se suelen emplear siglas en cursiva para indicar el nombre de los genes, cosa que ayuda a diferenciarlos de las proteínas que codifican en caso de que tengan el mismo nombre: «La oncoproteína Bcl-2 está codificada en el gen BCL-2, cuya mutación se relaciona con la leucemia linfática crónica».

Palabras con un sentido especial

El uso más habitual de las itálicas, en textos de cualquier tipo, es destacar expresiones con un sentido diferente del puramente semántico, sea porque es una acepción no común, parte de la jerga, un neologismo o porque contiene un sentido irónico o doble. En tales casos las itálicas son sustituibles por comillas.

«El herpes zóster, coloquialmente llamado culebrilla, ocurre por reactivación del VVZ» —indicación de un vulgarismo—, «la homeopatía y otras terapias similares no han probado efectividad en estudios a doble ciego» —aquí se denota un sentido dudoso del término—, «la pregabalina se ha convertido en un todoterreno de la neurología actual» —indicación metafórica de los múltiples usos del fármaco—.

Conceptos

Cuando se introduce un término relevante en un texto, como una definición o concepto, conviene destacarlo mediante itálicas (incluso con negritas si se desea mayor énfasis). «A ese período geológico se lo denominó carbonífero», «La teoría bacteriana fue propulsada por Koch y Pasteur».

También requiere cursiva una palabra cuando se usa como su propio término y no como su significado, por ejemplo: «La etimología de la palabra pelvis proviene de recipiente o vasija». En estos casos la cursiva puede sustituirse por comillas simples (‘pelvis’, ‘vasija’).

Citas y ejemplos

Al introducir un texto citado o frases de ejemplo, puede escribirse en itálicas, enmarcarse dentro de comillas o, menos recomendable, ambas opciones. Lo más habitual en español es usar comillas para las citas.

Títulos de obras

Los títulos de libros y los de publicaciones periódicas (incluyendo revistas científicas) se escriben en itálicas: «Darwin publicó El origen de las especies en 1859». Sin embargo, los títulos de capítulos o artículos dentro de la obra global o revista no van en cursiva sino entrecomillados: «En el capítulo “Atado con cuerdas” de su obra El universo elegante, Brian Greene explica la incompatibilidad de la relatividad general y la mecánica cuántica», «En 2010 Schmid et al. publicaron “Transcription Factor Redundancy Ensures Induction of the Antiviral State” en el Journal of Biological Chemistry, en el que describieron…»; en este último ejemplo obsérvese que la abreviatura et al. va en cursiva y con punto, y aunque el nombre del artículo está en inglés, no requiere cursivas pues no es un extranjerismo sino un texto originalmente escrito en ese idioma, por ello basta el entrecomillado; nótese también cómo se mantiene la mayúscula en cada palabra del título del artículo, siguiendo la norma ortotipográfica inglesa del original.

Las marcas comerciales, nombres de universidades, centros de investigación u hospitales se escriben en redonda, no en cursiva: «Se ha iniciado un ensayo clínico de Avastin® intralesional en carcinomas orofaríngeos en el Instituto Oncológico de…»; es recomendable que las marcas registradas vayan seguidas de ® o de ™ según el caso.

«Contracursivas»

¿Qué hacemos si en un bloque de texto escrito en itálicas —una cita extensa o una dedicatoria— aparece una expresión que debe ir en cursivas para destacarse? En este caso se invierten los estilos: si el párrafo está en cursiva se usa la redonda como estilo de énfasis:

Dedico esta tesis doctoral a mis padres, a mis profesores de microbiología y, sobre todo, a mi querida Escherichia coli y a sus plásmidos, que en tantas horas de laboratorio me han acompañado.


Aún hay otras indicaciones para el uso de itálicas, pero menos frecuentes dentro de la literatura científica. Por ejemplo, cuando un sobrenombre aparece acompañando al auténtico nombre del personaje: «Theophrastus von Hohenheim, Paracelso». Cuando está aislado, el alias no requiere estilo de énfasis. En teatro y música se usan cursivas para señalar acciones y movimientos en escena o indicaciones de tempo o acentos musicales. Los nombres de obras de arte, películas de cine, programas de TV o de vehículos singulares (como los barcos Titanic o Lusitania) también requieren de bastardillas.

 

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